jueves, 18 de septiembre de 2008

Curso de autodefensa para mujeres

FUE UN CARTEL
Una moza con faldas largas le propinaba un puntapié a un mequetrefe armado con un punzón.El texto rezaba: curso de autodefensa femenina.
Lógicamente fue un amor a primera vista, y acto seguido, cuando mi club de amistades contra el tedio me dio el cheque para combatir la rutina, ya lo tenía decidido.

Para mi sorpresa, lo que en un momento pensé que sería dirigido a mujeres con más de 3 décadas en su haber y de escaso poder adquisitivo resultó ser un grupo de chicas de edades comprendidas entre los 19 y los 35 años con estudios e historiales de agresión en casa o en el trabajo, en el mejor de los casos, por parte de desconocidos sin un motivo aparente
Lo más importante, nos dijeron el primer día, es reconocer la agresión.
Uno lo puede tener muy claro, pero los límites personales juegan un papel importantísimo. Cuantísimas veces uno se siente agredido y no se pronuncia por no parecer un alarmista, dilapidando su autoestima en favor del reconocimiento público. Demasiados cuentos de hadas donde la sumisión y el atracón de injusticias nos eran recompensadas con un chulazo al que no conocíamos de nada que nos metía en su castillo como si fuéramos una mascota rescatada del abandono.

Si, todo tenía sentido...

He releído en estos días los cuentos que alimentaron mi niñez: en casi todos hay un final feliz, en algunos, la justicia divina acaba torturando al malvado, ya sea arrancándole los ojos o bien calzando unos zapatos al rojo vivo, a lo que mi parte oscura sonríe.
La maldad puede ser hermosa y la venganza, un plato que frío se sirve mejor, pero prefiero el golpe de efecto de fustrar cualquier intento de estar por encima del otro porque "amimedalagana" y así ver si este atajo de mequetref@s se bate en retirada tras un par de fracasos.

Larga vida al Capitán Minifalda!!!

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