Tomando una cerveza turbia con sabor ahumado frente a la pantalla iluminada y cansada por el trajín de ayer, no puedo permitirme el lujo de irme a dormir sin fijar mis impresiones, que, de aquí un rato, no serán las mismas.
Definitivamente, me cago de vergüenza en las primeras citas, me tenso como un palo y un ligero exceso de gilipollez agresiva invade todas mis conversaciones, la misma que borra la imagen de autosuficiencia haciendo aparición la parte que no se fía de tí. Te vuelve torpe, te trasnocha, te acaba poniendo entre su espada y tu pared.
miércoles, 1 de octubre de 2008
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