E. tiene un lado oscuro en forma de un gato que pulula por los tejados de Barcelona las noches de luna nueva. Es gris, un poco peludo y algo desaliñado. Tiene la mirada vívida y no soporta la compañía. A duras penas soporta seguir respirando. Durante el día dormita cerca de la Barceloneta entre la playa y los bares y se alimenta de las piezas feas, pero igual de buenas, de los restos de pescado de la lonja y de lo que cae de las cajas con que trapichean los pescadores. Tiene un olfato excelente para saber cuándo llegan las gambas y se congratula del amor canino de algunas mujeres ante su indiferencia. Al caer la tarde, si se le antoja, se encarama desde el tejado del mercado a las primeras azoteas y según donde dé el viento recuerda qué cama tiene abierta. Nunca da las gracias, ni ronronea.
Sin embargo, cuando hay luna nueva sube por Correos para cruzar el Gótico sorteando borguois de gafas de colores y ademanes estridentes hasta llegar a las Ramblas que cruza sin mirar. Se mea en la puerta de la iglesia de Betlem y con paso al trote llega al carrer de la Cendra.
Solo hay una mujer en esta vida a la que vale la pena ver dormir y robarle las desdichas, el mal humor y la tristeza. Cada luna nueva, el lado oscuro de E. se pelea con Otto, su guardián, se sube a la cama y la oye soñar un rato.
Con eso basta.
Publicado por Ridícula en 7:26 PM
domingo, 21 de diciembre de 2008
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